Atalaya: desde la tela de araña

Cultura en la red, reflexiones, relatos, tutoriales y paridas diversas

[Libro #31] El viaje de Argos, de Alejandro Polanco

2014-12-14 19:07 Voy poco a poco resolviendo el atasco de reseñas que tengo por aquí. Leí este libro hace tiempo, tras remitírmelo el autor (que, por cierto, acaba de sacar Made in Spain y es autor del blog Tecnología Obsoleta.
Si te gusta el blog o has compartido alguna de sus historias, muy posiblemnte también te gustará este libro, que hila una serie de personajes y hechos históricos a partir de las arribadas del cometa Haley, el Argos del que habla el título. Desde la antigüedad hasta la actualidad, pasando por muchos personajes históricos, se enhebra la historia de una serie de personajes inmortales ligados a diferentes avances científicos, que se reflejan con rigor y con bastante cariño.
La cartografía, la historia de Castilla, la química, todo tiene su lugar en este libro, donde tenemos un cameo hasta de Napoleón. En resumen, un libro entretenido y mi agradecimiento a Alejandro por habérmelo enviado y que os podéis pillar por menos de cinco euros en ebook

[Libro #32] Colorless Tsukuru Tazaki and His Years of Pilgrimage por Haruki Murakami

2014-12-13 12:47 Primer libro que he consumido, porque no se puede decir leído, en formato audio. El medio es el mensaje, y la voz del que lo leía era monótona, la grabación con un volumen demasiado bajo y, en general, desidiosa. Un formato que, por tanto, no aconsejo.
Será que el formato me puso en mala disposición, pero el libro me ha parecido un pestiño. Si le dan a Murakami el Nobel con estas mimbres, ya se lo pueden dar a Marcial Lafuente Estefanía a título póstumo o a Blue Jeans porque el libro viene a ser una historia inane con tintes culturetas. Y me explico, creo que sin espóilers, ni delanteros ni traseros, porque el libro, realmente, no los tiene.
Tsukuru es un tío, japonés de origen, al que le gustan las estaciones de tren y que tenía cuatro amigos y residentes en Nagoya. Eran muy amigos, eran felices como perdices, y triscaban por esos bares de sake y por esos institutos japoneses donde todos van uniformados hasta cuando los envían a una isla para que se maten los unos a los otros. Mas hete aquí que, de repente, por esas cosas de la vida que hacen que ingeniería de estaciones de tren se pueda estudiar solo en Tokyo, se fue para allá.
Pero quiso el destino que un día volviera y sus amigos más amigos que los de Friends lo dejaron de lado. Pasaron de él. No quisieron irse con él a bares de sake, ni a salas de pachinko, ni a bailar rock and roll en el corte inglés. A ningún lado, en resumen. Y a él le dio berrinche. Se puso encanao, encanao, no comía, no dormía, un jamacuco del quince. Jamacuco japonés, que empieza por ja también.
Pero luego se le pasó. Y siguió la vida, para allá y para acá, tuvo otro amigo que nadaba como los mismos calamares que se comen luego crudos los japoneses, hay que endevé, un calamar con todas sus patitas vulgo tentáculos, y a uno que se le sale uno por la comisura de los labios y qué estas comiendo, espaguetis, no, calamares, ay qué asco, por dióssssss, esto no sale en el libro, pero lo pongo yo de mi cosecha, que no es que los calamares estén malos, pero los espaguetis están más al dente, pero fíjate, les gustan más los calamares, porque al fin y al cabo, estos se pueden comer crudos y los espaguetis no.
Pero a lo que iba. Pasan los años, pesan los kilos, y Tsukuru conoce a una chavala, Sara, que le mola bastante, pero, como tenía todavía un micro-jamacuco, o quizás meta-jamacuco por aquello de los amigos que no estuvieron ahí para él, ni él para ellos, más que nada porque no le dejaban, vamos, ni le dejaban ni le dejaban de dejar, que pasaban de él, pues no se le empinó una buena noche que quería hacer lo propio con la muchacha. Que vamos, que es lo normal. En japonés, quizás. Que te emberrinchas con unos amigos del insti y quince años más tarde no se te empina. Un problema universal, que pasa en Ohio y en Mondoñedo, pero en Japón no sólo pasa, sino que se escribe un libro. Y la chavala, que estará acostumbrada a ese tipo de cosas, le dice "Eso va a ser el berrinche ese que pasaste, cuando toda tu familia se hizo el harakiri con la cucharilla de remover el sake" "No, eso no fui yo, sería uno de tus anteriores amantes" "Ah, sí, espera.. tú eras el de los amigos que estaban allí cuando la lluvia empezaba a caer a raudales. Pues va a ser eso. Vete pallá ahora mismo y les dices que por qué no estaban allí cuando no era ni tu día ni tu semana ni tu mes ni eso. Pero vete lo que se dice ya, vete para una estación de esas que te gusten, no te quedes pillao mirándola, que te conozco, cógete el talgo de las 12:17 Tokyo-Polopos-Nagoya y ya estás tardando" "Espera, que parece que se me empina ahora" "Que te vayas, cohone".
Y se va pallá, visita a unos, a otros, a una no, que se había muerto, vamos, que la habían matado, y una está la leche de lejos, en Finlandia, y allá que se va, a Finlandia.
Y al final no te enteras de nada, o te enteras de poco porque a Murakami no le gusta resolver los enigmas, le gusta darles vueltas y más vueltas, repetir frases y más frases, crear escenarios y más escenarios, hacer que el tiempo fluya lentamente, tan lentamente que casi se para, y todo es muy zen porque se trata de alcanzar un estado en el que evitas todo deseo y simplemente eres. Lo que está muy bien si te va eso. Pero si buscas la fantasía urbana de Kafka en la orilla, pues no. Ahora, si te gustó Tokyo blues, sí es posible que este te mole.
Y habréis visto (o no) que hay libros por medio, pero es que este estaba ocupando ya más espacio de la cuenta en mi móvil que necesito para las foticos, así que lo he reseñado el primero.

[Libro #30] Stoner, de John Williams

2014-11-26 21:11 Este libro, préstamo de Esteban de nuevo, es la histora de una vida académica, la de un William Stoner, en una universidad del medio oeste americano.
No hay más. El otro día Berta García de la Vega decía que no hay novelas académicas en España. No es que conozca todas las novelas que se han escrito, pero sí debe haber alguna. Ninguna con suficiente notoriedad, porque en realidad la vida académica no es nada del otro jueves. Es una vida de rutina, pequeñas alegrías y grandes miserias, propias y ajenas. Miserias de las que está rodeado el protagonista que, en realidad, usa su vida académica como un refugio al que amarrarse, como lo único que le proporciona alegría, la respuesta positiva y entusiasta de un alumno, la brillantez de un trabajo, el elogio inesperado de un desconocido. Y no hay más.
El libro, sin centrarse en un episodio determinado, concentra años en capítulos y va narrando, en tercera persona, lo que va aconteciendo y pasando por la cabeza de Will el profe. Y es curioso que, salvo en una ocasión, los personajes que se salvan son los alumnos.
Al final, es una novela que vale, sobre todo, si encuentras acomodo o sientes empatía por alguno de los personajes. El gris profesor es también un trasunto del gris empleado o, para el caso, del gris soldado o agrimensor. Pero quizás ese color (o quizás ausencia del mismo, sea una persona sin color) es su verdadera identidad y la de tanta gente que, como él, pasa por la vida amando poco y siendo amado un poco más, gozando menos todavía y dejando una huella que ni siquiera, como en el caso de Stoner, va a ir cubriéndose de polvo en una biblioteca olvidada de una universidad olvidada. Si no lo encuentras, es una novela que tarda en empezar, que cuestra trabajo tragar por la falta de tensión y de conflicto y en la que uno se puede sentir tentado de abandonar. Si no lo hace, tendrá una cierta recompensa, la que tuvo Stoner por seguir, a pesar de todo, su camino. Pero si lo dejas por el camino, como algún personaje, nadie te lo va a reprochar. Ni yo voy a reprochárselo a Esteban, a quien le agradezco el préstamo.

[Libro #29] Ancillary Justice, de Ann Leckie

2014-11-19 19:50 Realmente, quería que me gustara este libro, porque sólo he leído recomendaciones y críticas positivas y, aunque lo de "una vuelta de tuerca del género de la space opera" es siempre para echarse a temblar, a veces da buenos resultados y, realmente, es un género que necesita una vuelta de tuerca o dos.
No le faltan ideas originales; la principal, el que la protagonista sea una inteligencia artificial, la de una nave que anda buscando algo y que se encuentra, desde el principio, con la que fue capitana de, bueno, de ella, y andaba ahora metida en la droga, cosa muy mala seas capitana o no, y toda nave buena debe actuar de buena samaritana y llevarse a sus capitanas que andan en la droga. Todo femenino, porque el Radch, el imperio en el que se desarrolla la serie, sólo está habitado por mujeres que a su vez están agrupadas en familias y gobernadas por Anaander Mianaai, Lord of the Radch pero también un montón de cuerpos, clones que, a su vez, se comunican entre sí, aunque también se guardan algún secretillo.
En el secretillo y en la comunicación está la clave del libro que, por otra parte, corresponde a la rutina clásica del McGuffin saltando de espaciopuerto en espaciopuerto con la ex-capitana ex-drogata. No hay mucho más. Es una historia correcta, y, eso sí, ¡el principio de una trilogía! Toda Space Opera que se precie debe comenzar, o seguir, o terminar una trilogía, trilogía que para mi se va a quedar en unología porque el siguiente episodio no me interesa lo más mínimo.

[Libro 27] La vuelta a Europa en avión, de Manuel Chaves Nogales

2014-11-17 20:45 Me compré este libro recomendado por Luis F. Rull y Esteban, aunque tratándose de un libro de viajes y de un periodista español y del país de los soviets, tampoco había que darle muchas más vueltas.
No se trata de la historia de Tintín. El periodista va arropado por el régimen, como no podía ser de otra forma, y transita en una Rusia que acaba de salir de la guerra civil y en la que la momia de Lenin todavía huele a formol. Trotski todavía tiene piolets en la cabeza por debajo de sus posibilidades y anda por Siberia, exiliado interiormente y liándola como oposición en vías de desaparición cual foto de la familia de McFly en "Regreso al futuro". Aunque en este caso, ningún baile lo libraría.
Este es el principal interés del libro: Chaves observa, con cierta simpatía, la revolución soviética y concluye, por un lado, que no tiene vuelta atrás (y no la tendría en los próximos 60 años) y por otro lado que, realmente, los obreros de París, Londres o Berlín están mejor, objetivamente, que los obreros ensalzados por un régimen que los convierte en soberanos, de lo que, por cierto, también da pruebas suficientes en su libro.
Chaves Nogales se encuentra con figuras curiosas en ese periplo, españoles ya en el exilio y muchos aterrizajes entre patatales, que la aviación ya no es lo qeu era y en aquella época se aterrizaba, aparentemente, una vez de cada dos de aquella manera, aunque sin mayores consecuencias.
La Alemania del libro, previa al ascenso de los nazis y más o menos simultánea al tostón del Time for Gifts, la Francia de mujeres que son muy diferentes de las españolas de aquella época de la dictadura de Primo de Rivera, la nostalgia de la época de los viajes en los que la vuelta no estaba garantizada y en la que se cablegrafiaban las crónicas o se mandaban con correo a mula, en fin, todo un clásico periodístico y de la literatura de viajes cuya presentación agradezco tanto a Luis como a Esteban.

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