Atalaya: desde la tela de araña

Cultura en la red, reflexiones, relatos, tutoriales y paridas diversas

[Libro #9] I'm travelling alone, de Samuel Bjork

2017-04-23 12:08 Los viajes son buenas ocasiones para terminarse libros, sobre todo si tienen cierta enjundia y número de páginas como este mismo. Porque las novelas de crímenes nórdicas es lo que tienen: páginas y páginas. Quizás el máximo se encuentra en la zona de Suecia y va descenciendo según se aleja uno, hasta llegar a Islandia, donde el relleno se reduce a un mínimo. Y ese relleno, como en el Smorgasbord sueco, tiene de todo. En Stieg Larsson había desde simples asesinatos hasta complicadas conspiraciones que involucraban a servicios de inteligencia y que iban años atrás. En este libro hay ciertos momentos en los que los diferentes hilos acaban apabullándote. Hay una secta, hay asesinatos con tinte ritual, hay problemas familiares y mentales por parte de todos los personajes, hay historias personales a mogollón. Un capítulo típico comienza con un personaje totalmente desconocido hasta el momento, su historia familiar y sus circunstancias, extendido a lo largo de unas páginas, y termina con ese personaje encontrando algo o haciendo algo que tiene que ver con la trama principal, para a continuación olvidarse del personaje y nunca volver a verlo. Oye, que está bien, colorismo, atmósfera, todo eso. Pero cuando llegas al quinto ya aburre un poquito, sobre todo porque la trama, en sí, es interesante y trepidante.
En realidad son dos tramas, más o menos solapadas, y en este más o menos está mi principal crítica al libro en sí. Una de ellas es la que le da título: niñas de seis años que aparecen asesinadas, vestidas con trajes de muñeca y con un cartel "Estoy viajando sola" colgado al cuello, como los niños que van en aviones y se dejan al cargo de las azafatas. La acumulación de detalles es excesiva, pero más o menos también sirve a la trama, al menos a esta. Pero hay una segunda trama con una secta cristiana de por medio, dirigida por un chalao y que aparece con una frecuencia excesiva intercalada con la trama principal para, al final, tener una relación más bien leve y por completo prescindible con la trama principal de los asesinatos. Ni siquiera cuenta como arenque rojo, porque es que en ningún momento parece que haya ninguna relación.
La cuestión es que la trama principal si tiene interés y los dos personajes, Munch, el policía cincuentón, metódico y Krüger, la policía con serios problemas personales y tendencias suicidas pero imaginativa y perceptiva, son excelentes y lo mejor del libro. Como los crímenes encajan con su pasado está muy bien llevado. Desgraciadamente, la resolución de los mismos se debe más a casualidades que a la intuición o al trabajo metódico, con lo que el final es un poco decepcionante.
Es el primer libro de la serie de Munch y Krüger. Posiblemente vaya mejorando según avance. Por lo pronto lo dejo con unas tres estrellas, aunque la continuación de la serie puede ser interesante.

[Libro #8] A drink before the war, por Denis Lehane

2017-04-16 18:46 De vez en cuando hay que cambiar de autor, si no de género, y una vez trabajados los Connellys, los Coben y los de otras latitudes, está bien cambiar de aires, volviendo a la costa Este de Coben, aunque un poco más al norte, en la misma Boston. Yendo también hacia atrás en el tiempo, a unos 80 de las guerras de bandas, del crack, y del crimen rampante en la era de Reagan.
Esta es además la primera novela de los personajes de Lehane, Angela Gennaro y Patrick Kenzie, representados por Michelle Monaghan y Casey Affleck en la peli que se hizo de otra de las novelas, Gone, baby, gone, y es donde se empieza a establecer la relación de fuerzas y de cualquier otro tipo entre los dos personajes, conocemos la historia personal, la relación de Kenzie con su padre, el Héroe, la de Angie con su marido, los dos compañeros detectives a los que le encargan buscar a una mujer, Jenna Angeline, que se ha llevado unos papeles del despacho de un político local. Pero la paliza que se lleva Kenzie en los primeros capítulos, y que no puede faltar en una novela negra que se precie, y lo que eventualmente sucede con Jenna le convence de que hay mucho más detrás que un simple caso de persona desaparecida.
Las novelas negras son, deben ser, también, novelas de viajes, dar una sensación de un lugar en el tiempo y en espacio, y los barrios de Boston y sus calles se pasean por esta novela como algo vivo, con sus gentes, sus defectos y sus odios. También el racismo de la sociedad y de la propia ciudad y a la vez el personaje explora, en sí mismo, sus sentimientos y cómo pueden salir en momentos inesperados. El viaje interior de Patrick Kenzie, y el recorrido de Angela Gennaro hacen la novela interesante de por sí, más allá de la trama policial, que a decir verdad está un poco pillada por los pelos y no suficientemente justificada al final, aunque acaba pareciendo totalmente plausible.
En resumen, es un buen descubrimiento que me ha gustado más que otros nuevos policiales que he leído últimamente.

[Libro #7] Colores primarios, de Anónimo

2017-04-14 14:19 Tengo esta novela desde hace, por lo menos, veinte años, posiblemente poco después de que fuera publicada, en 1996. De hecho, la versión en español está ya descatalogada, posiblemente por falta de interés. Sin embargo, fue precisamente el interés por las cosas que tienen que ver con las elecciones americanas lo que me llevó a escoger esta novela de la pila; después de haber visto House of Cards, Borgen, estar viendo Designated survivor y todo el reality show en el que se ha convertido la Casa Blanca, conocer un poco mejor los entresijos del camino hacia la misma tiene interés por sí mismo, y más cuando se trata, como es el caso, de una roman-a-clef que narra la ascención de Clinton, Bill, llamado aquí Jack Stanton, en las primarias que eventualmente lo llevaron a la presidencia, y donde Hillary, llamada en esta ocasión Susan, tiene un papel fundamental.
Es posible que hayáis visto la peli, que es una peli política más, ya un tanto ajada, y que pierde en comparación, por ejemplo, con los Idus de Marz0. Pero el libro tiene el interés de quien conoce los entresijos de la política y habla de ellos con la libertad de dejar al lector la tarea de decidir si es realidad o ficción. La afición desmedida de Jack por la comida basura y los deportes, su relación estrecha y preocupación genuina con la gente de la calle, pero también su priapismo e infidelidades continuas, su honestidad y su relación con su esposa, las reacciones del pueblo americano a los escándalos y como influyen, o no, en la intención de voto, lo que finalmente determina su ascenso en las primarias, la preocupación de la gente de la calle por sus candidatos, a los que siguen en primarias y elecciones, dejando trabajos y familias para apoyar a una persona en la que creen, los donantes, los favores dados o devueltos, los muñidores que crean o destruyen candidatos, la América profunda, el racismo, el sur, el norte, todo, en una novela que habla más de América que del propio candidato, pero que por supuesto te sirve para aprender mucho más de ese sistema profundamente imperfecto, pero a la vez sumamente evolucionado y mejor en muchos sentidos que el de muchos otros países del mundo, que es la democracia americana.
El autor, que se reveló incluso antes de publicarse en España que era Joe Klein, dibuja con afecto a muchos personajes que conocemos por otras series y películas: la del investigador que busca basura en los otros candidatos, la de los locutores de radio locales, la de los compañeros de campaña advenedizos o plenamente convencidos, unos personajes que a veces, como en el caso de Libby Holden, eclipsan al propio candidato. Por eso merece la pena leerlo, en estos tiempos o en los que tengan que venir.

[Libro #6] Seis grados de separación, la ciencia de las redes en la era del acceso, de Duncan Watts

2017-03-13 18:12 ¿Os he hablado alguna vez de la biblioteca de la ETSIIT? Es un sitio magnífico. Rodeando el hall central, tiene mucha luz, mesas para que la gente estudie tranquilamente, e incluso una sala para trabajo en grupo donde te puedes ir con los colegas sin estar a la intemperie como en las "mesas rojas" (y al albur de los jugadores de futbolín) y, por supuesto, los libros.
Libros como The Art of Computer Programming, de Knuth, que algún día debería leer. Novelas, revistas informáticas clásicas de esas que no puedes encontrar por la red... Y hablando de no encontrar, más de una vez he echado mano del préstamo interbibliotecario para solicitar un libro raruno que ha venido desde Canarias, o Cantabria, y llegado a mis manos por el módico precio de... nada (aunque las bibliotecas sí se pagan entre sí una tasa para esto, aparte gastos, claro).
También son lugares donde te encuentras a gente. Y libros, claro. De hecho, este libro lo vi en una estantería y me lo pillé, ese que vence es precisamente el que está en mi poder, aunque hay otra copia (y otra más en la biblioteca de la Facultad de ciencias, pero ese, por lo pronto, va a ser que no podrás sacarlo). Ya me leí el de Barabasi, hace tiempo, y este Watts, del dúo Watts y Strogatz, es uno de los artífices de los modelos de mundo pequeño y de muchos otros trabajos que han configurado la ciencia de las redes de la que habla en el subtítulo.
El libro, la verdad no está a la altura de otros libros de divulgación o del mismo Linked de Barabasi. Y es que los libros de divulgación son complicados. Puedes errar por defecto o por exceso; en algunos casos, por las dos razones a la vez. Un poco eso es lo que le ocurre a este libro. Los primeros capítulos exponen las generalidades sobre las redes de mundo pequeño, con incursiones en la siempre curiosa vida de Erdös y diferentes anécdotas relacionadas con los otros investigadores del tema. La segunda parte trata de ser más divulgativa, y aparte de algún gráfico y relaciones con la sociología y sobre todo la economía, resulta excesivamente aburrida para el que sabe algo. Quizás también es que sea un libro antiguo; el libro es previo a la explosión de las redes sociales y apenas tiene una referencia a Friendster, que duró unos noventa días.
Siempre es interesante leer la historia contada por sus protagonistas, y al menos eso tiene de bueno este libro, que, sin ser imprescindible, sí aporta alguna inspiración a la gente qeu se interesa por esos temas. Así que cómpratelo o acércate por la biblioteca más próxima que, si no lo tiene y haciendo uso del préstamo interuniversitario, podrá pedirlo a la que le convenga.

[Libro #5] Theory of Fun for Game Design de Raph Koster

2017-02-18 19:24 Seguro que conocéis ese chiste de una persona humana que va por un camino campestre y se encuentra a un campesino haciendo alguna cosa de las que suelen hacer los campesinos, como consultar el mercado de futuros de su legumbre en el tablet conectado por 4G. El ciudadano, u séase, persona de la ciudad, le pregunta al campesino cuanto queda para llegar al próximo mojón, u séase hito. El campesino sigue mirando su tablet, viendo que los futuros de las lentejas están llegando a un pico en el mercado de Frankfurt. El ciudadano insiste, añadiendo alguna partícula verbal que indique impaciencia y/o enojo. El campesino contempla las ondas de Elliott, la brisa agitando las matas de habas, el porte y vestimenta del ciudadano, y sigue sin contestar. El ciudadano, a continuación y posiblemente pensando ya en la reseña que sin duda va a ponerle en TripAdvisor a "Campesino en medio de la campiña" y dudando entre las una y dos estrellas, parte en dirección al mojón. O hito, que de las dos formas puede decirse. A sus espaldas, escucha al campesino decir "Treinta y cinco minutos y 23 segundos".
- ¡Pardiez! Pero ¿por qué lo dice ahora y no antes?
- ¡Rediola! Porque hasta ahora no sabía a qué velocidad se movía vuecencia.

Este y no otro es el algoritmo que usan los Kindle para indicarte cuanto tiempo te queda para acabar el libro. Durante más menos la primera cuarta parte del libro van aumentando diez minutos el tiempo restante, en plan "¿No quieres caldo? Pues te vas a jartar". Cuando llega un punto en que parece que poco a poco va disminuyendo, si de repente vuelves la página atrás o te entretienes mirando el Twitter, de repente empiezan a meterte minutos, en plan "Pues parece que va leyendo vuecencia más lentamente. Te vas a enterar, vas a tardar la vida entera". Y al final, o a una distancia considerable del final, de repente se para. Ya no eres el ciudadano del chiste, eres el niño en el asiento de atrás del coche. "¿Cuanto queda? Media hora. ¿Y ahora? Media hora ¿Y ahora? Treita minutos. Pues me hago pipí en el sitio. Pues fale".
Esto hace del libro electrónico una experiencia no exenta de sorpresas pero, sobre todo, fundamentalmente diferente a leer el libro físico. En un libro físico, con su marca páginas o esquina doblada, esta última con mayor flexibilidad, porque tienes cuatro esquinas y puedes aproximarte mucho más al punto físico donde te quedaste, siempre sabes qué tocho te estás leyendo y cuanto te queda. Si te enfrentas a tomo vas viendo como mengua, como el fin se acerca, y sobre todo sabes a lo que te estás enfrentando. En el libro electrónico, es un misterio que no sólo no está aclarado por la heurística, sino al contrario, oscurecido y confundido hasta el punto de ser una mera abstracción. "Te queda... Algo" podía decir la IA del ebook sin temor a equivocarse.
Ahora, claro, no me queda nada de este libro que nos ocupa, y que escuché recomendado en un podcast de Zetatesters (no el mío, claro, que no he escuchado (completo), porque ya me lo sabía, pero ustedes pueden escuchar cualquiera de los dos). No me queda ninguna página, quiero decir. Me quedan una serie de ideas interesantes, reflexiones sobre la naturaleza del juego y de la diversión. El juego es aprendizaje y es un modelo del mundo real. Y también es un medio de expresión, artística o no, que eso al fin y al cabo está en los ojos de las personas que lo consumen, pero como tal medio, tiene influencia en las personas que lo experimentan. Y tal influencia puede ser positiva o negativa, como la es leer "El guardián en el Centeno" o ver "El grito" de Munch.
Al fin y al cabo, los juegos son una mecánica y una metáfora. Hay pocas mecánicas y queda todavía mucho camino por recorrer, pero las mecánicas han cambiado mucho. Y seguirán cambiando y los juegos se convertirán en parte tan integral del mundo cultural que será tan inaudigo escuchar "No juego nunca" como "No leo nunca un libro". Mala intención totalmente intencionada, claro, porque hay gente que no lee libros. Incluso presidentes de los Estados Unidos.
La cuestión es que este libro te ayuda a entender un poco mejor los juegos, seas diseñador de juegos o no. A apreciarlos, incluso. Así que totalmente aconsejable.

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