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HARRY POTTER Y LA MANO DEL OTRO Capítulo 10 (2ª parte)
Habían aparecido en el interior de una amplia estancia circular con una gran mesa de roble, también circular, en el centro mismo de la habitación. Frente a ellos, la mesa estaba rodeada de cómodas sillas de altos respaldos, realizadas en madera policromada y tapizadas con terciopelo rojo. Al otro lado, detrás de la mesa, había un alto ventanal de arcos ojivales por el cual se adivinaba un familiar paisaje nocturno y, a cada lado del ventanal, una vieja puerta de madera.
Detrás de ellos sentían un agradable calorcillo y se giraron instintivamente al oír el suave crepitar de un fuego. Se habían Aparecido delante de una acogedora chimenea acorde con las dimensiones de la estancia. El suelo era de mármol y las pocas zonas visibles de la pared circundante dejaban adivinar grandes bloques de piedra caliza.
A su izquierda, todo a lo largo de la pared hasta la puerta de ese lado, había una serie de vitrinas y estanterías en las que podían apreciarse una increíble cantidad de hierbas, minerales, piedras y objetos extraños, además de un gran número de libros sobre Pociones y Herbología.
En el lado opuesto de la habitación, desde la chimenea hasta la otra puerta, toda la pared estaba cubierta por una extraordinaria colección de libros de aspecto antiguo, rollos de pergamino, papiros, tablillas de arcilla y planchas de piedra grabadas, sobre Encantamientos, Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras.
A pesar de la noche cerrada que asomaba a través de la ventana, la sala estaba perfectamente iluminada. Los tres jóvenes alzaron la mirada y se encontraron con unas grandes burbujas flotantes, similares a las del Hospital San Mungo, que bañaban la estancia con su aterciopelada luz y, sobre ellas, un precioso cielo nocturno tachonado de estrellas. Obviamente, se trataba del mismo Encantamiento del Comedor de Hogwarts.
Los tres, aún paralizados por la impresión, no podían salir de su asombro.
Me pregunto qué habrá al otro lado de esas puertas, dijo Harry finalmente dando un paso al frente.
En ese momento, justo en el centro de la mesa, apareció un cuadro con el marco dorado. En su interior había un lienzo rojo que parecía ondear como un estandarte movido por una suave brisa.
Harry se quedó muy quieto. Los tres se miraron sin saber muy bien qué decir o hacer hasta que, súbitamente, un sonriente Dumbledore apareció en el cuadro.
¡Hola, chicos! saludó.
¡Ho
hola! dijeron muy sorprendidos.
Sentaos, por favor, dijo él señalando tres de las sillas que estaban frente al cuadro. No os emocionéis. Ésta será la primera y la última visita que haga a este lienzo. Tengo mucho que contaros y debo volver de inmediato al cuadro del Despacho de Dirección de Hogwarts.
Los tres Gryffindor se sentaron obedientemente y en silencio a la espera de instrucciones.
Bueno, suspiró Dumbledore. Como podéis ver, aquí hay mucho material para que estudiéis y os preparéis bien.
¿Qué es este lugar? ¿Dónde estamos? preguntó Harry.
Estáis en Hogwarts. Concretamente, en la Sala de los Menesteres. Esta Sala de los Menesteres en particular está ideada conforme a lo que yo consideré más apropiado para llevar a cabo vuestra empresa. En el lado de los libros de Pociones y Herbología, podéis encontrar utensilios que, de momento, no sabréis para qué sirven pero cuya utilidad iréis descubriendo conforme vayáis leyendo los pergaminos en los que he escrito todo lo referente a ellos y que están guardados en aquella vitrina, dijo señalando con su mano derecha que ahora lucía perfectamente sana. A la derecha de ese vitrina, prosiguió,
hay un Pensadero que os será muy útil para observar bien todo desde todos los ángulos. Nunca deis un paso sin haber estudiado primero todas las posibilidades. A la izquierda del Pensadero hay tres Giratiempos. Son vuestros. Cada Giratiempo tiene capacidad para adelantar o atrasar un máximo de cinco días.
En ese punto, los tres jóvenes se quedaron boquiabiertos.
Sé lo que estáis pensando y
¡No! exclamó adoptando un gesto más serio. Pasó lo que tenía que pasar. ¿Entendido? No intentéis cambiar lo sucedido en la Torre de Astronomía a base de Giratiempos porque eso no debe cambiar.
Pero
, empezó Harry.
No, Harry. Tú estuviste arriba y sabes muy bien que, en el fondo, mi muerte no me pilló tan de sorpresa
Siguiendo con lo que estaba diciendo, prosiguió,
en la primera estantería de los libros de Pociones, hay un Zafiro con el escudo de Hufflepuff que al presionarlo da acceso a otra sala circular en la que podréis realizar y almacenar todo tipo de preparaciones. En esa estancia encontraréis todos y cada uno de los ingredientes que preciséis, sean cuales fueren. Conforme vayáis utilizándolos, la Sala de los Menesteres los irá reemplazando de modo que nunca falte nada.
Harry, Ron y Hermione estaban absortos escuchando las palabras de Dumbledore.
En el lado de los libros de Encantamientos, Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras, hay un gran Rubí con el escudo de Gryffindor que da acceso a otra sala. El Rubí sólo reconocerá la mano de Harry de modo que sólo él tendrá acceso. Lo he ideado así porque esa es la estancia donde se almacenarán los Horcrux conforme los vayáis encontrando y, dado que tú, Harry, eres el único con Poder para derrotarlo, tú debes ser el único que acceda a esa sala. De momento, ahí están ya el Anillo de Slytherin y el Diario de Riddle. Cuando consigas la Copa de Hufflepuff, el auténtico Guardapelo de Slytherin y lo que sea de Gryffindor o de Ravenclaw, también debes depositarlos en esa Sala. ¡Sí!, sonrió Dumbledore ante las caras de sorpresa de los tres jóvenes, Sé perfectamente que el Guardapelo que sacamos de la Caverna no era un Horcrux de Voldemort. Pero lo cogí porque supuse que podría darnos alguna pista sobre quién cogió el auténtico. ¿Me equivoco?.
No, Señor, dijo Hermione. No se equivoca. El auténtico se lo llevó un Mortífago que firmó como R.A.B.
¿R.A.B.? Me suenan las iniciales, dijo Dumbledore. R.A.B
.R.A.B
. ¡Claro! ¡Régulus Arcturus Black! exclamó el anciano.
Sí, Señor. Así es, dijo Harry sin pestañear.
Ron y Hermione miraron atónitos a su amigo.
¿Lo sabías? preguntaron a una con los ojos muy abiertos.
Lo he sabido hace una media hora.
¿Cómo? volvieron a preguntar.
Esta noche, cuando he acompañado a Kreacher en sus últimos momentos. En su delirio, me ha confundido con el hermano de Sirius y, justo antes de morir, me lo ha dado. Creo
¿Cómo que crees? preguntó Hermione muy nerviosa.
Es que me latía tan fuerte el corazón que no me atreví a mirar lo que me había dado, me lo metí en el bolsillo izquierdo y lo sellé. ¡Pero es grande y redondito! se apresuró a añadir ante la exasperación de sus amigos.
Dumbledore rió divertido y Harry apuntó al bolsillo con su varita diciendo Diffindo . De su interior sacó una cadena de oro de la que fue tirando, poco a poco, hasta que salió
. ¡Un guardapelo enorme de oro con una S grabada en su tapa!
Una vez más, Harry, dijo un emocionado Dumbledore,
me maravillo al comprobar hasta qué punto tu Poder te capacita para destruir a Voldemort. Sí. Ese Amor que sientes por los seres vivos te hizo ver que no debías guardar rencor al pobre Kreacher y te hizo sentir la necesidad de acompañarle en su último tramo del camino, el más difícil. Y
¡He aquí tu premio! exclamó radiante.
Ron y Hermione estaban atónitos.
¿Cómo lo destruiré, Señor? preguntó Harry.
El cómo, Harry, serán tu corazón y tu instinto quienes te lo dicten. Pero debes hacerlo en la Sala de los Horcrux, donde tus amigos no sufran daño alguno.
Sí, Señor.
En cuanto a las puertas de madera que hay a ambos lados de esa ventana, dijo el anciano señalando hacia atrás con los pulgares,
la de la izquierda conduce a dos dormitorios idénticos a los de la Torre de Gryffindor, con la salvedad de que éstos tienen su propio baño. La otra puerta conduce directamente al vestíbulo del número doce de Grimauld Place donde, por cierto, también ha habido algunos cambios, dijo con una amplia sonrisa. Por último, debo añadir que esa chimenea no precisa Polvos Flu y que, además, si os fijáis bien, sobre ella hay una loseta que funciona exactamente igual que las de La Madriguera y Hogwarts de modo que podréis ir a esos lugares con total seguridad
La escalera de caracol ha entrado en funcionamiento. Debo volver, dijo Dumbledore. Pero, antes, quiero deciros que no se os ocurra dejar los estudios, que Hogwarts puede esconder muchos secretos, que en el Castillo podéis encontrar todo tipo de información y que, si dejarais de llevar una vida aparentemente normal, Voldemort podría sospechar algo y cambiar la ubicación de los distintos Horcrux. Me voy, chicos, añadió con una amable sonrisa. Y me voy tranquilo, sabiendo que todo está en buenas manos. Buenas noches, mis jóvenes Gryffindor, y buena suerte.
Buenas noches, Profesor Dumbledore, respondieron.
Dumbledore desapareció del lienzo y con él el resto del cuadro.
Durante un par de minutos, ninguno de los tres dijo nada. Se habían quedado con la mirada fija en el centro de la mesa, intentando asimilar toda la información recibida en tan corto espacio de tiempo.
No puedo creer que hayas conseguido el Guardapelo de Slytherin, murmuró Ron.
Ni yo. Y tan fácilmente, apuntó Harry.
Dumbledore tiene razón, intervino Hermione. ¿Os dais cuenta de que, si no fuera porque optaste por no guardarle rencor a Kreacher y por considerarlo un miembro más de tu familia, se habría perdido para siempre la posibilidad de destruir ese Horcrux?
Sí, dijo Harry con un nudo en la garganta.
Voldemort habría sido definitivamente inmortal, murmuró Ron muy pálido...
¡Bueno! exclamó Hermione dando una palmada. ¿Por qué no inspeccionamos un poco todo esto?
Sí, dijo Harry. Yo iré a dejar el Guardapelo en la Sala de los Horcrux.
Yo voy a ver las habitaciones, dijo Ron.
¡Pues yo voy a ver la Sala de Pociones! exclamó Hermione muy emocionada y dando saltitos.
Los tres se encaminaron en distintas direcciones. Ron y Hermione sintieron curiosidad y echaron una mirada atrás para ver cómo entraba Harry quien acababa de posar su mano derecha sobre un Rubí del tamaño de un pomelo. De inmediato, Harry desapareció envuelto en millones de motitas rojas y doradas y, esta vez sí, oyeron el maravilloso y reconfortante canto de un Fénix.
Ron y Hermione se miraron a los ojos y ambos, un tanto sonrojados, se giraron rápidamente para seguir con sus incursiones. Ron se fue por la puerta que daba a los dormitorios y Hermione respiró hondo para, seguidamente, presionar el inmenso Zafiro.
Las estanterías se apretujaron a ambos lados para dejar sitio a una vieja puerta idéntica a las otras dos. Hermione entreabrió la puerta y asomó la cabeza. Su corazón latía a mil por hora. No podía creer la maravilla que tenía ante sus ojos. Sin dudarlo ya, abrió la puerta del todo y entró con paso firme.
(FIN del CAPÍTULO 10)
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