2013-03-09 18:09
Ha pasado casi un mes desde
el anterior libro, que resulta ser el primero de la serie, un mes en el que hay sólo
un post sobre la extrañamente apetitosa y, sin embargo, fácil, tortizza y es porque a base de vivir en la red la gente piensa que la lo que uno cuenta en la misma es, efectivamente, la vida, cuando la vida es lo que transcurre entre dos tuits y dos posts en el blog.
Porque eso es lo que ha pasado: me han dejado Friends y ya voy por la tercera temporada, abandonando las series que ya iba viendo: Modern Family y The Big Bang Theory. Y no retomando How I Met Your Mother, a pesar de que parece ser que la decepción inicial por esta última temporada ha sido, generalmente, superada (sí, y eso mismo me dijeron de
Lost y fíjate), varios viajes (a Viena, a Mallorca... ¿recordáis antes cuando os enterábais de los viajes por este blog? Ahora tendréis que seguirme en
FourSquare, un par de hackathones, comienzan las clases... de todo eso os habéis enterado por
Twitter, claro.
Y también ha pasado
este libro. Que me regaló
RVR y que, la verdad, me ha gustado. Pero es que, como todas las sagas, deja poco margen para que suceda lo contrario. Las sagas tienen eso: hasta que no llegas al final no puedes evaluar si has perdido varias (muchas) horas de tu vida para que finalmente todo se deshaga como humo de pajas o si ha sido una espera (y esfuerzo) totalmente merecedor de ese final épico que todos esperamos.
Tendrán que ser varios finales épicos, porque al lado de los personajes que ya teníamos en el primer libro, ahora tenemos a un cura, una huérfana y un húngaro en Roma junto con unos cardenales muy malos cuyo autor realmente habrá tenido que currárselo para convencer al resto de los autores de que efectivamente tiene algo que ver con el resto de las tramas. Tenemos otra en algún lugar de Bielorrusia (o por ahí) con los caballeros livonios peleándose con los Shield Brethren y a un grupo de estos mismos, más Cnán la Encuadernadora, avanzando por la ruta de la seda perseguidos por una partida de mongoles, más Lian la prisionara china de los mongoles que brevemente ha dejado de serlo para convertirse en la prisionera china de los chinos (unos que pasaban por allí).
En resumen, pasan cosas, se reparten mandobles y mamporros y tiene su punto cómico con los cardenales en cónclave tratando de nombrar Papa o más bien lo contrario, que no se nombre el papa que ellos no quieren. O sea, todo puesto en escena para el tercer libro, que ya me estoy leyendo y que espero, por favor, de veras, que merezca la pena. Ya saben, dentro de un mes en esta su bitácora.