2017-09-15 09:08
Esta es una de las primeras novelas de
John Banville, un autor irlandés que también escribe novelas de crímenes con el seudónimo
Benjamin Black. Esa puede que sea, o no, la razón por la que me pille este libro, pero no tiene nada que ver con la razón por la que empecé a leerlo, que ni yo mismo sé. Un poco de introspección acerca de los libros siempre tiene interés. Se compra un libro en un momento determinado por impulso, por estado de ánimo o, si es muy barato y de segunda mano, simplemente porque sí, pero cualquiera de los tres motivos contienen un mensaje que estás enviando a tu yo del futuro. Un mensaje que te ayuda a conocerte y a través del conocimiento a crear una identidad.
The Pila tiene su valor: como esos álbumes de fotos antiguos, es un conjunto de retazos que son trozos de uno mismo, igual que la
lista de deseos de sitios como Amazon son un diario, pero en este caso uno que alimenta los algoritmos devoradores de datos de Amazon.
Esta novela también es un diario. Gabriel Godkin cuenta, en primera persona y en tres partes, como se hace mayor en una propiedad llamada, precisamente, Birchwood, en los años 20 de una Irlanda pobre y rebelde. Una novela que sería gótica americana si se desarrollara en Missouri, y de hecho, si no conoces el contexto, hasta que empiezan a introducir a los soldados y algunas palabras muy irlandesas podrías muy bien creer que de eso se trataba: el ambiente rural embrutecido, las desigualdades, las sagas familiares y la crueldad entre las diferentes partes de las mismas junto con las rivalidades con otras familias, en este caso los Lawless. Pero esta parte gótica acaba y empieza la segunda parte en la que Gabriel se une a un circo ambulante, con el que va recorriendo el país durante, aparentemente,
La Gran Hambruna irlandesa de 1845. Por el camino, Gabriel va descubriendo su propia identidad y también su posición en la sociedad, lo que queda muy tópico, pero también lo grotesco de la vida y de la muerte, con episodios en su vida "civil" que parecen escenas de un circo y se confunden con los engaños y fraudes que suceden en el propio circo ambulante. En cualquiera de ellos, la decadencia y la locura parecen ser inevitables.
Una novela, por tanto, para leer cuando uno esté de buen humor. Con un estilo muy propio, un ambiente que trasciende las páginas y que siendo local puede ser universal y un estilo propio que merece la pena conocer. Aconsejable, pues.